El problema de tu cerebro con las “buenas ideas”

En mi adolescencia conocía al tío músico de un amigo. En ese entonces era una gran inspiración para nuestra banda de garage. Tocaba profesionalmente en bares, sabía muchísimas canciones, tocaba mucho mejor que nosotros, es más, hasta compuso algunas canciones que un pequeño número de fans conocían.

En una ocasión le mostramos los primeros segundos de Last Resort por Papa Roach y su cara se quedó en blanco. Nos dijo: “yo había creado esas notas mucho antes”. Y empezamos a comparar las icónicas notas del inicio con lo que el tío había creado.

Como podrás imaginar mencionaré la diferencia entre la idea, o pequeña creación de un músico en una pequeña ciudad de México, con la canción que llegó al Top 10 en 4 países y estuvo 7 semanas en la posición más alta de canciones de Rock Moderno.

¿Por qué para algunos sus ideas se quedan en el tintero, y para otros se convierten en gran éxito? ¿Cómo podemos usarlo a nuestro favor?

El enojo de la mediocridad

Me molesta irracionalmente que no lleguemos a nuestro máximo potencial. Que el deportista nacional no logre estar entre los mejores, que el diseñador latino no tenga productos entre los mejores y más conocidos del mundo. Claro que este pensamiento ha cambiado con los años. No todo es la “alta competencia”, no deberíamos obsesionarnos con “ser el mejor” sino con “suficientemente bueno”, etc, etc. Muchos pensamientos pasan por nuestra mente, mientras siguen pasando los meses sin materializar nuestras ideas en algo que otros humanos disfruten, y que se autoalimente para sentir que vale la pena todo el esfuerzo ¿Qué podemos hacer?

Nuestra mente quiere seguridad, no creatividad

Tu cerebro tiene una enorme cantidad de sesgos. Situaciones que no nos damos cuenta, y que nos juegan en contra como creativos. 

Nos auto saboteamos. Tanto que el pensar en algo nos hace sentir que ya lo hicimos y se nos quitan las ganas. Nuestra mente valora de manera irreal las ideas. Creemos que por haber ideado un juego, ya tenemos algo que nos da fama y dinero, sin considerar el esfuerzo para llegar hasta el conocido producto. Nos irritamos cuando alguien anuncia una idea similar, y nos obsesionamos con demostrar que se nos ocurrió primero. (Es nuestro miedo actuando, claro)

Nos saboteamos tan así que me estoy empezando a distraer mientras escribo esto. Nos cuesta una gran cantidad de esfuerzo ser profesionales y terminar las cosas, por lo que necesitamos sistemas para vencer a la resistencia creativa y equipos para hacer aquellas cosas del producto que no nos gustan.

Nuestro cerebro no está diseñado para pensar en grande. Pensar en que esta canción se nos acaba de ocurrir llegará al Top de canciones mundiales nos llena de miedo e incertidumbre. Nos bloqueamos.

Pensar en todo el trabajo que se viene por delante o incluso poner una meta suficientemente ambiciosa nos abruma.

Volvemos a nuestra zona de comodidad de encerrarnos en el garage y nos conformamos con saber que en algún momento creamos un pedazo de una canción en el top 10. Que en alguna ocasión bocetamos un juego que hoy alguien más lo convirtió en realidad y está entre los más conocidos del mundo. Que se nos ocurrió una historia similar a la que hoy ganó un premio Oscar.

¿Entonces?

He encontrado con los años dos claves para superar esto.

Poner una meta muy ambiciosa sin fecha, y poner metas alcanzables con fecha.

La meta muy ambiciosa es nuestro faro que nos guía. Por ejemplo “Ser el mejor diseñador de latinoamérica”, “Convertirse en la mejor casa editorial”. Lo que sea. La ventaja al no tener fecha es que no te preocupas por algo sobre lo que no tienes control.

Puede tomar 10 intentos o 20. Esta meta está aliada con la resiliencia. Con intentar hasta lograrlo. Practicas tu fortaleza mental de vencer a la adversidad e incertidumbre.

Aún así, es fácil desanimarse en el camino. “Llevo 25 proyectos creativos y todavía no estoy allá”, “Esperaba que todo saliera bien a la primera y me doy cuenta que no lo estoy logrando”, “Tuve que cancelar mi Kickstarter pues tuve muy pocos backers”.

Es donde entran las metas alcanzables con fecha. Las más difíciles para los creativos. Aquí el plan no es soñar, es ejecutar. Es enseñarle a nuestra mente a cambiar constantemente entre dos modos de operación cerebral. Es donde entra “mejor terminado que perfecto”. Es donde entendemos que el concepto de velocidad, ritmo, constancia, forman parte importante de la profesionalización. Las ideas, las tendencias, los productos; todos ellos envejecen y caducan mientras no se trabajen y se les de mantenimiento.

Tl;dr

Nuestro cerebro nos sabotea al ser creativos. Creemos que nuestras ideas valen más de lo que los demás lo hacen, el miedo nos impide llevarlas a su máximo potencial. Deberías tener un sueño ambicioso a largo plazo, e ir cumpliendo constantemente logros pequeños que te van acercando al sueño.